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retrato de trío musical









Retrato para tres amigos músicos. En un principio la idea era hacerles un cartel para un concierto de rebetiko en una sala... Concierto que nunca llegó a suceder, dado que uno de los músicos fue atacado por unos filofascistas una semana antes de la fecha programada. Unas semanas después, tras el ingreso hospitalario, la recuperación y el juicio, otro concierto se programó para acompañar la exposición de guitarras fabricadas por Ilías, el de la izquierda. Fue una noche especial, que se prolongó hasta la madrugada... 








Carteleando


A pesar de que en la escuela los carteles eran mi pesadilla particular, una vez en Chania me encontré haciendo carteles para toda actividad del centro social que necesitara uno. Fiestas, proyecciones, clases, charlas, festivales o ciclos de conferencias. Lo que tocara, generalmente con poco tiempo y con menos certeza ortográfica, para qué negarlo. Aquí va una muestra del último año.








De los primeros, cartel para la cafetería del centro social y el programa de proyecciones.



Horario de clases de idiomas que se imparten en el centro social, por supuesto gratuitas.


Una charla sobre los CIEs griegos. En todas partes cuecen habas....


Tercer cumpleaños del comedor social de los domingos. Una fiesta estupenda, me dijeron, pero que me pilló fuera de la ciudad.


Y otra fiesta, cómo no. Ésta de la tienda de comercio justo Terra Verde.

Jornadas sobre movimientos sociales y solidarios en el centro social. Durante tres días discutimos problemáticas, expectativas y opciones con la participación de asociaciones y colectivos de media Grecia. Muy muy interesante.

Y mi favorito, en colaboración con el diseñador Vasilis Pitsonis y la artista Elena Sousta: cartel para el Festival Antirracista de Chania, en su novena edición. 2 días intensivos de charlas, feria de asociaciones, puestos de comida, teatro, conciertos, actividades infantiles y lo que os podáis imaginar. Totalmente autogestionado, es un ejemplo de lo que pueden hacer las personas cuando se empeñan y cómo algo "alternativo" puede llegar a convertirse en uno de los eventos más importantes del calendario sociocultural de una ciudad.

felicitación navideña para Impromadrid Teatro



Porque una nunca ha sido muy de reyes magos ni de papás noeles, pero no puede resistirse a unos buenos muñecos de nieve.


feliz navidad














Está claro que este año se presenta difícil...

tarjetas de visita



















Encargo para una excelente amiga y psicóloga.

caperucita en el metro - xilografía





Este grabado tiene ya un par de años, pero acabo de sacar un ejemplar de la tirada reducidísima de entonces... para regalárselo a una gran amiga en un evento muy especial... ¡Enhorabuena!

árboles para la expo humanista de María Gómez










Hace ya cosa de 5 años que María Gómez inició sus cosechas primaverales de árboles. Basándose en un test psicológico, nos pidió que dibujáramos un árbol en una hoja de papel, y cada primavera fue coleccionando cientos de árboles propios y ajenos, que ahora constituyen una maravillosa ventana al mundo interior de muchísimas personas, y a los cambios que vamos experimentando cada uno de los que hemos ido aportando nuestros árboles año a año.

El 12 de mayo se inaugura en La Casa de los Jacintos la exposición que reúne todos estos árboles, que son mucho más que dibujos. Tanto si tenéis un árbol en alguna cosecha como si no, recomiendo que os paséis a verla. Yo estoy deseándolo.






el dolor



Ilustración para "El Dolor", Marguerite Duras, 1985


“En una cuneta con la cabeza vuelta hacia la tierra, las piernas dobladas, los brazos extendidos, él se está muriendo. Está ya muerto. Entre los esqueletos de Buchenwald, el suyo. Hace calor en toda Europa. En la carretera, a su lado, pasan los ejércitos aliados. Esto es, esto es lo que ha sucedido. Tengo una certeza. Camino más deprisa. Su boca está entreabierta. Es el atardecer. Ha pensado en mí antes de morir. El dolor es tan grande, se asfixia, no tiene aire: El dolor necesita espacio. Hay demasiada gente en las calles, quisiera avanzar por una gran llanura, sola. Justo antes de morir debió decir mi nombre. A todo lo largo de todas las carreteras de Alemania, hay hombres y mujeres tendidos en posturas semejantes a la suya. Miles, decenas de miles, y él. Él, a la vez contenido en otros miles, y destacándose para mí sola de los otros miles, completamente distinto, solo. Todo lo que se puede saber cuando no se sabe nada, yo lo sé.”

ilustraciones para "El balneario"




La producción novelística de Carmen Martín Gaite queda inagurada de forma brillante con El balneario, una novela corta, escrita en 1953, con la que la autora consiguió el Premio «Café Gijón» 1954.

Dimensiones aproximadas: A4
Técnica: lápices sepia, tinta, anilinas y pastel sobre papel artesano.

domingos odriozólicos

jesús

juande

nany y yo
retratos al estilo de elena odriozola.

espejo


marzo 2009

de un gato azul que una vez fue blanco (cuento ilustrado)

Érase que se era y aún sigue siendo un gato azul. Azul como un mar en verano y como algunas flores de montaña. Pero no siempre había sido un gato azul. Antes de ser azul fue un gato blanco. Blanco como la nieve en invierno como algunas flores de los valles.

Se cuenta que la curiosidad mató al gato, pero a éste no le mato sólo lo dejo azul. Azul curioso.

Cuando el gato azul era blanco gustaba de meter sus largos y blancos bigotes en todas las esquinas. Todo lo hurgaba, todo lo husmeaba. Blanco bigotudo.

Esas blancas antenas, seguidas de sus blancos hocicos, blancas patas, blanco lomo y blanca cola conocían cada teja de memoria, cada flor, los olores de cada rincón. Nada se escapaba a sus aguzados y prestos sentidos.

Tenía especial predilección por la casa roja. La casa roja mas allá del bosque amarillo. Amarillo mimosa.







En la casa roja vivía una mujer que pasaba sus días tiñendo telas. Telas de colores. Recogía frutas, plantas, plumas y sabe dios que mas cosas extraordinarias para cocerlas lentamente en grandes ollas de cobre. Cuatro chimeneas había, cuatro chimeneas para las cuatro ollas cociendo telas de colores en la casa roja. Roja ladrillo.

De las chimeneas salía humo de colores y tantos olores. Un verdadero placer de gato blanco y curioso.

El bosque amarillo se llenaba de telas tendidas al sol y a la luna que flotaban en el aire a capricho y merced del viento de turno.

Pues, por estos sitios paseaba el gato blanco sus blancos y largos bigotes de forma metódica casi exhaustiva bajo la mirada atenta de la mujer que con parsimonia y cuidado removía el contenido de sus ollas de cobre. Cobre mágico.

Pero un día la mujer miró al gato con aire preocupado. Estaba mas agitada que de costumbre, incluso una olla con telas supuestamente verde hoja de limonero terminaron verde aceituna. Inaudito.


La mujer sentó al gato en su regazo y así le habló:

“Señor gato blanco, se como disfruta metiendo sus largos y blancos bigotes en la casa roja, ya nos conocemos desde hace tiempo. Sin embargo, tengo que pedirle un favor muy importante: de aquí a tres lunas llenas no se acerque por aquí ni por el bosque amarillo. No me pregunte señor gato blanco cual es la razón, pero le ruego que no venga hasta que la tercera luna llena desaparezca detrás de la montaña. ¿Me ha comprendido?
Prométamelo por favor...”




El gato blanco maulló como forma de promesa, y se fue a continuar chimeneando un rato. Pero chimenear ya no tenía mucha gracia con esa promesa y la curiosidad le bloqueaba desde los largos bigotes blancos hasta su blanca cola.

Pero al día siguiente el gato blanco no volvió por la casa roja, ni al siguiente tampoco. Y sin embargo el gato estaba fuera de si y era todo costillas. Pasaba las noches enteras maullando desconsoladamente desde los negros tejados. Negros pizarra.







El vecindario no podía dormir y aquí y allá se iluminaban ventanas en la oscuridad. Pero el gato dale que miau, miau, y miau atormentado por la curiosidad. ¿Que querían decir esas palabras?, pensaba, ¿por qué no podía ir a la casa roja hasta pasadas tres lunas llenas?. Pero era un gato de palabra, y esperaría. Esperaría y mientras tanto maullaba contando las lunas.

Y así paso la primera luna llena, y la segunda siguió a la primera y cuando solo faltaba un día para la tercera luna llena, el gato blanco no pudo más y se dirigió sigiloso hacia la casa roja. Sus blancas patitas casi no tocaban el suelo y sus blancos bigotes parecían mas largos que nunca.

Llegó al bosque amarillo y de lo que allí vio se le salió un ronroneo de gusto. El bosque amarillo se había llenado de telas de colores inimaginables. Había en ellos algo de mágico pero también de conocido. Eran como, como......los colores del arco iris –ron, ron, ron- allí estaban: rojo, amarillo, anaranjado, verde, añil y violeta...pero faltaba uno: el azul.



Patita blanca tras patita blanca se acerco a la casa roja.

La casa roja bullía de actividad se oían ruidos y pequeñas explosiones y ese humo, ese humo...serpenteante, azul, engatuso al gato blanco. Jugó y bailó con las cuatro chimeneas, su blanca cola ondulante al ritmo circular y azul de ese humo mágico, su blanco bigote atusado por ese aire viscoso y azul. Y le pareció una eternidad.

Cuando ceso el humo, la mujer colgó al aire las telas de azul maravilloso. Azul arco iris.

El gato se deslizo hasta el suelo y dejo que las telas azules acariciaran su lomo, su barriga. El viento las mecía haciéndole unas suaves cosquillas con su roce. Al final, entre su ronroneo y el del viento, el gato se durmió, y la tercera luna llena veló su sueño.

Cuando la mujer se despertó con el amanecer de la mañana siguiente a la tercera luna llena, vio que algo no marchaba bien. Llovía y no había no había ni una sola nube en el cielo. Poco a poco es sol escalaba posiciones en su bóveda. Entretanto el gato se despertó, estiro sus patitas delanteras con un amplio bostezo y cuando se disponía a hacer su limpieza diaria, se encontró con dos patitas bien azules. Y su lomo era también azul, y su barriga, y su cola y hasta sus largos bigotes eran azules!!!!

Entonces fue, cuando la mujer vio al gato y se dio cuenta. Estaba todo perdido. Ya asomaba el arco iris. Las telas colgadas empezaron a perder sus colores. La mujer corrió hacia el gato, pero era demasiado tarde y el arco iris reclamaba lo que era suyo.

Y por ahí debe rondar aún el gato azul, moviendo sus largos y azules bigotes –azul curioso- por entre los colores del arco iris.

Y azulín azulado este cuento se ha acabado.
(texto: beatriz gómez ; dibujos: gloria cabrejas)